La electricidad impulsó el repunte quincenal, mientras los servicios marcaron una presión más persistente.
La inflación en México llegó a 3.62% anual en la primera quincena de octubre de 2026, por encima del 3.45% registrado en septiembre, pero el dato no cuenta una sola historia. El salto quincenal de 0.41% estuvo impulsado en buena medida por la electricidad y otros energéticos; al mismo tiempo, los servicios avanzaron dentro del componente subyacente, una señal menos vinculada con la estacionalidad.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó el 22 de octubre de 2026 que la inflación subyacente fue de 3.78% anual y la no subyacente de 3.08%. Así, el índice general se mantiene dentro del intervalo de variabilidad de Banco de México, de 2% a 4%, aunque todavía no converge a la meta puntual de 3%.
El repunte tiene un componente visible y otro que merece más vigilancia
La mayor incidencia quincenal correspondió a la electricidad, con un aumento de 18.51%. El movimiento se relaciona con la conclusión del subsidio de temporada cálida en 18 ciudades, entre ellas Mérida, Monterrey, Cancún, Villahermosa, Veracruz y Tuxtla Gutiérrez. Por eso, una parte relevante del avance de octubre puede interpretarse como un ajuste tarifario programado y concentrado geográficamente, no como una aceleración uniforme de todos los precios.
También subieron el transporte aéreo, 14.77%; el tomate verde, 22.07%; los servicios profesionales, 9.55%; y el gas doméstico LP, 1.38%. En contraste, bajaron el jitomate, el limón, algunos tubérculos, el aguacate y el pollo. Esta combinación muestra por qué la inflación general puede moverse con rapidez cuando coinciden tarifas, productos agropecuarios y servicios con comportamientos distintos.
La señal más persistente está en el componente subyacente. En la primera quincena de octubre aumentó 0.25% respecto de la quincena anterior; dentro de él, las mercancías subieron 0.17% y los servicios 0.31%. La inflación anual de servicios fue de 4.26%, superior al 3.28% de las mercancías. No significa que exista una presión descontrolada, pero sí que el descenso de la inflación no depende únicamente de que desaparezca el efecto de la luz.
El contraste con octubre de 2025 cambia la lectura
La comparación con el mismo periodo del año pasado permite distinguir el nivel de inflación de su composición. En la primera quincena de octubre de 2025, la inflación general anual fue de 3.63%, prácticamente igual a la de octubre de 2026. Sin embargo, la subyacente se ubicó entonces en 4.24%, frente a 3.78% un año después. En cambio, la no subyacente pasó de 1.58% a 3.08%.
El resultado es relevante: México tiene ahora una inflación general casi idéntica a la de octubre de 2025, pero con una presión subyacente menor y un componente no subyacente más elevado. Dicho de manera sencilla, el dato de 2026 luce más afectado por energéticos y tarifas que el de hace un año. Esa diferencia limita una conclusión automática sobre la trayectoria de los precios: si el ajuste eléctrico es temporal, podría moderarse en próximas lecturas; si los servicios mantienen avances elevados, la mejoría sería más lenta.
La publicación del INEGI correspondiente a octubre de 2025 también muestra que el aumento quincenal de la subyacente fue de 0.18%, contra 0.25% en 2026. Esa comparación sugiere que el problema actual no está resuelto en los servicios, aunque tampoco reproduce la presión subyacente que México enfrentaba un año atrás.
México y Estados Unidos: niveles cercanos, motores diferentes
El dato mexicano puede ponerse en perspectiva con Estados Unidos, su principal socio comercial. El Bureau of Labor Statistics informó que el índice de precios al consumidor estadounidense aumentó 3.7% anual en septiembre de 2026, mientras que el índice sin alimentos y energía avanzó 2.6%. En la comparación superficial, las inflaciones generales de ambos países están cerca: 3.62% en México y 3.7% en Estados Unidos.
Pero la diferencia aparece al observar la inflación subyacente: México registró 3.78% anual, por encima del 2.6% de Estados Unidos en su medida de precios sin alimentos y energía. Además, el repunte estadounidense de septiembre estuvo dominado por la gasolina, cuyo precio aumentó 9.1% mensual, mientras que en México el impulso principal de la quincena fue la electricidad asociada con el fin de subsidios en ciertas ciudades.
La comparación tiene límites. México publica aquí un dato quincenal y Estados Unidos reporta una variación mensual; sus canastas, ponderaciones y tratamientos estacionales tampoco son idénticos. Por eso, no sirve para afirmar que la inflación mexicana sea directamente más grave o más baja. Sí ayuda a observar que dos economías integradas comercialmente pueden enfrentar presiones similares en el índice general, pero con distinta persistencia interna.
En México, la combinación de servicios en 4.26% anual y una canasta de consumo mínimo que aumentó 3.44% anual ofrece una lectura adicional. El indicador de consumo mínimo, integrado por 170 bienes y servicios, creció casi al mismo ritmo que la inflación general y por debajo de la subyacente. Esto sugiere que el repunte no se trasladó de manera uniforme a los productos esenciales, aunque tampoco elimina el impacto de categorías concretas como vivienda, transporte o alimentos preparados.
Qué margen conserva Banxico
El dato no obliga por sí solo a Banco de México a cambiar su postura, pero sí vuelve más costoso ignorar la trayectoria de los servicios. La autoridad monetaria tiene una meta puntual de 3% y un intervalo de variabilidad de más o menos un punto porcentual. Estar en 3.62% significa permanecer dentro del rango, no haber alcanzado el objetivo.
La decisión dependerá de si la Junta de Gobierno interpreta el aumento como un episodio principalmente transitorio o como una señal de que las presiones internas tardarán más en ceder. La electricidad puede perder fuerza cuando concluya el efecto de las tarifas de temporada; los servicios profesionales, restaurantes, vivienda y otros servicios suelen requerir una vigilancia distinta porque responden más a costos, demanda, salarios y expectativas.
Para las siguientes decisiones serán especialmente importantes cuatro señales: la inflación subyacente quincenal; el comportamiento de servicios; la evolución de energéticos y tarifas después del ajuste eléctrico; y la inflación de la canasta de consumo mínimo. También será relevante comprobar si el repunte se concentra en las ciudades beneficiadas por el subsidio de verano o si se extiende a otras regiones.
La próxima prueba será distinguir reversión de persistencia
La inflación de octubre de 2026 no cierra el debate sobre Banxico; lo vuelve más específico. La pregunta ya no es solamente si el índice general está cerca de 3%, sino cuánto del movimiento puede revertirse y cuánto permanece en los precios que los hogares y las empresas pagan de forma recurrente.
Si las tarifas eléctricas explican la mayor parte del siguiente ajuste y los servicios moderan su avance, el banco central conservará argumentos para continuar con una relajación gradual. Si los servicios siguen acelerándose, la cercanía con la meta estadounidense será menos importante que la persistencia interna y el margen para recortar tasas se reducirá. Las próximas lecturas deberán responder precisamente a esa diferencia.
Fuentes consultadas
- INEGI, Índice Nacional de Precios al Consumidor, primera quincena de octubre de 2026.
- INEGI, Índice Nacional de Precios al Consumidor, primera quincena de octubre de 2025.
- Banco de México, Régimen de objetivos de inflación y el papel de los pronósticos.
- U.S. Bureau of Labor Statistics, Consumer Price Index, septiembre de 2026.



