El crecimiento de las manufacturas impulsó las exportaciones mexicanas, pero el déficit energético siguió presionando el saldo comercial.
México cerró septiembre de 2026 con un déficit comercial de 606 millones de dólares, aunque el dato mensual forma parte de un periodo de expansión excepcional del intercambio de mercancías. Las exportaciones llegaron a 77,797 millones de dólares, 37.9% más que un año antes, mientras las importaciones sumaron 78,403 millones, con un avance anual de 33.1%, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
La cifra negativa no borra el resultado acumulado: entre enero y septiembre, el país mantuvo un superávit de 9,254 millones de dólares. La lectura más útil, sin embargo, no está sólo en saber si el saldo fue positivo o negativo, sino en observar qué partes del comercio exterior están generando dólares y cuáles siguen drenándolos. Ahí aparece una diferencia decisiva entre la fortaleza manufacturera y la factura energética.
Un déficit mensual que no equivale a un retroceso exportador
El resultado de septiembre cambió frente a agosto, cuando México había registrado un superávit de 605 millones de dólares. Según el boletín oportuno del INEGI, el giro se explicó principalmente por una reducción del superávit no petrolero, que pasó de 4,047 millones a 2,748 millones de dólares. Al mismo tiempo, el déficit petrolero disminuyó ligeramente, de 3,441 millones a 3,354 millones.
La comparación entre ambos meses sirve para poner el dato en proporción. Un déficit de 606 millones representa una diferencia pequeña frente al valor total de las operaciones realizadas durante septiembre. Además, el acumulado de los primeros nueve meses muestra una mejora sustancial respecto al mismo periodo de 2025, cuando México registró un déficit de 3,398 millones de dólares.
Esto no significa que el saldo mensual carezca de importancia. Sí indica que debe leerse junto con la composición del comercio. Una economía que exporta más porque produce y vende más manufacturas no enfrenta el mismo escenario que otra cuyo déficit aumenta por una caída generalizada de sus ventas externas. En el caso mexicano, los datos disponibles apuntan a una expansión industrial acompañada por una elevada compra de insumos.
La electrónica gana peso frente al avance moderado de los autos
Las manufacturas aportaron 72,773 millones de dólares de las exportaciones de septiembre, un aumento anual de 39%. El dato más llamativo estuvo en los equipos y aparatos eléctricos y electrónicos, cuyas ventas crecieron 94.7%. También aumentaron las exportaciones de productos de la minerometalurgia, maquinaria y equipo especial para industrias diversas, así como productos de plástico y caucho.
La diferencia sectorial es importante porque el crecimiento no descansó principalmente en los vehículos. Las exportaciones automotrices sumaron 16,434 millones de dólares y avanzaron 5.7% anual. En contraste, las manufacturas no automotrices alcanzaron 56,339 millones y crecieron 53%.
El propio desglose del INEGI muestra que la industria automotriz tuvo un comportamiento desigual según el destino: sus ventas a Estados Unidos aumentaron 8.5%, pero las dirigidas a otros mercados disminuyeron 7.4%. El resultado sugiere que el dinamismo de septiembre se concentró en ramas industriales más amplias que la automotriz y, dentro de ésta, en la relación con el mercado estadounidense.
Hay otra señal que ayuda a entender el movimiento. Las importaciones de bienes intermedios llegaron a 63,103 millones de dólares, 38.8% más que en septiembre de 2025. Son insumos, componentes y materiales que se incorporan a otros procesos productivos. Por ello, su crecimiento puede acompañar una mayor actividad manufacturera, pero también revela que parte del impulso exportador depende de compras realizadas fuera del país.
México y Canadá: una comparación útil, pero no idéntica
La concentración en Estados Unidos no es una particularidad mexicana. Entre enero y septiembre, 84.8% de las exportaciones no petroleras de México tuvo como destino ese país, frente a 15.2% enviado al resto del mundo. Como referencia norteamericana, Statistics Canada reportó que en 2025 Estados Unidos recibió 71.7% de las exportaciones de mercancías canadienses.
La similitud muestra el peso de las cadenas productivas de América del Norte: compartir frontera, infraestructura logística y reglas comerciales facilita que los fabricantes vendan de manera recurrente al mercado estadounidense. Para México, esa integración ayuda a explicar el crecimiento de sus exportaciones manufactureras; para Canadá, también sostiene un superávit bilateral con Estados Unidos que alcanzó 81,600 millones de dólares en 2025.
La diferencia está en la forma en que cada país presenta sus vulnerabilidades. Canadá registró un déficit total de mercancías de 31,300 millones de dólares en 2025, aun cuando mantuvo un saldo positivo con Estados Unidos. Su desequilibrio se concentró en el comercio con otros países. México, en cambio, conserva un superávit no petrolero amplio, pero carga con un déficit energético acumulado de 25,684 millones de dólares entre enero y septiembre de 2026.
La comparación tiene límites: se confronta un dato mensual y acumulado de México con cifras anuales de Canadá, además de que cada oficina estadística utiliza calendarios, clasificaciones y bases de medición propias. Aun así, el contraste ayuda a evitar dos errores. El primero es suponer que depender de Estados Unidos vuelve automáticamente negativo el comercio exterior. El segundo es ignorar que una balanza favorable con el principal socio no elimina otros desequilibrios.
La energía sigue siendo el punto débil del saldo mexicano
El intercambio petrolero continúa siendo la principal resta estructural para México. En los primeros nueve meses de 2026, las exportaciones petroleras sumaron 16,351 millones de dólares, mientras las importaciones petroleras llegaron a 42,035 millones. La diferencia produjo un déficit de 25,684 millones de dólares.
Ese saldo contrasta con los 34,939 millones de superávit no petrolero acumulados en el mismo periodo. En otras palabras, las manufacturas, los productos agropecuarios y las mercancías extractivas no petroleras generaron un margen suficiente para sostener el superávit total, pero la cuenta energética absorbió una parte considerable de ese resultado.
La composición de septiembre también merece atención. Las importaciones petroleras crecieron 31% anual, hasta 5,158 millones de dólares, mientras las exportaciones petroleras aumentaron 9.6%, a 1,803 millones. El problema no es sólo el precio de un mes: es la persistencia de una brecha en la que México compra al exterior más productos energéticos de los que vende.
Hacia los últimos meses del año, la pregunta no será únicamente si las exportaciones mantienen tasas elevadas. También habrá que observar si el crecimiento de las manufacturas no automotrices se sostiene, si las importaciones intermedias siguen aumentando a un ritmo similar y si el déficit energético vuelve a ampliarse. Si las ventas externas conservan su avance y la industria logra elevar el contenido nacional de sus insumos, el superávit acumulado podría consolidarse. Si la factura energética y las compras de componentes crecen más rápido, el salto exportador seguirá siendo fuerte, pero con menor efecto sobre el saldo final.
El dato de septiembre, por tanto, no describe una economía que dejó de exportar. Describe una economía integrada a Norteamérica, con nuevas ramas manufactureras ganando espacio, pero todavía condicionada por la energía que necesita importar. Esa combinación será el verdadero indicador de la calidad del crecimiento comercial mexicano durante el cierre de 2026.
Fuentes consultadas
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Balanza Comercial de Mercancías de México, 27 de octubre de 2026.
- Statistics Canada, Canadian international merchandise trade, December 2025.
- Office of the United States Trade Representative, Mexico Trade Summary.
- Expansión, reporte sobre exportaciones e importaciones de México en septiembre de 2026.



