La estrategia mexicana combina formación, diseño y cooperación internacional, pero aún debe demostrar resultados industriales medibles.
México está intentando entrar a la industria de semiconductores desde varios frentes: el proyecto nacional Kutsari, la agenda de innovación de la Secretaría de Economía y la cooperación de Sonora con el Instituto de Investigación de Tecnología Industrial de Taiwán (ITRI). El punto decisivo no es si el país puede repetir la historia taiwanesa, sino si puede adaptar algunos de sus mecanismos a una economía que todavía está construyendo especialistas, infraestructura y vínculos tecnológicos.
La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) informó el 7 de octubre de 2026 que Kutsari avanza hacia un Centro Nacional de Diseño de Semiconductores con sedes en Jalisco, Sonora y Puebla. Alrededor de 100 personas participan en procesos de formación especializada y 143 representantes de la academia, la industria, el gobierno y organizaciones civiles participaron en el diagnóstico nacional. Días después, el 23 de octubre, la Secretaría de Economía colocó a los semiconductores entre los sectores prioritarios de InnovaFest Guadalajara, junto con inteligencia artificial, fintech, salud y nuevos modelos de negocio. La información oficial de Secihti y el comunicado de Economía muestran una estrategia en fase de organización, no una cadena completa ya operando.
El precedente taiwanés sirve para comparar, no para prometer un milagro
La referencia a Taiwán tiene una base concreta. El ITRI fue creado como institución de investigación aplicada y, durante las décadas de 1970 y 1980, recibió tecnología, desarrolló capacidades propias y transfirió resultados a empresas locales. Su historia oficial registra la transferencia de tecnología de obleas a United Microelectronics Corporation en 1980 y, posteriormente, la creación de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company en 1987 mediante el traslado de equipos, procesos y personal especializado.
Ese recorrido importa porque muestra una secuencia distinta a la de una simple atracción de inversión extranjera: primero se construyeron capacidades tecnológicas; después se crearon empresas y modelos de negocio capaces de comercializarlas. El parque científico de Hsinchu también funcionó como concentración territorial de universidades, laboratorios, proveedores y compañías especializadas. El propio ITRI describe esa evolución como una combinación de investigación, transferencia y creación de empresas.
La similitud con México está en la intención de usar una institución tecnológica y un espacio territorial para reunir conocimiento, industria y formación. Sonora informó que mantiene una consultoría técnica con ITRI para desarrollar un parque científico, mientras que la cercanía con Arizona ofrece un argumento logístico para vincularse con cadenas estadounidenses. Sin embargo, el límite de la comparación es central: el proyecto sonorense todavía aparece documentado como una cooperación para desarrollar el parque, no como una planta de fabricación, una empresa derivada o un contrato de producción.
Taiwán tampoco llegó a su posición actual con una sola alianza. El Gobierno de ese país anunció en 2026 una inversión de 300 mil millones de dólares taiwaneses en semiconductores hasta 2033, además de nuevas instalaciones de investigación, líneas piloto y herramientas de diseño. Esa escala permite dimensionar la diferencia entre un ecosistema maduro que sigue ampliando capacidades y un programa mexicano que aún debe definir sus instrumentos de ejecución. El anuncio del Ejecutivo taiwanés vincula financiamiento, infraestructura, talento, software de diseño y líneas piloto; México todavía no ha publicado un paquete consolidado con ese alcance para Kutsari.
Jalisco, Sonora y Puebla no cumplen la misma función
La distribución territorial de Kutsari sugiere una estrategia basada en capacidades complementarias. Jalisco aporta un ecosistema de electrónica, universidades, empresas de tecnología y vínculos con proveedores de manufactura. Sonora puede ofrecer conexión fronteriza, experiencia industrial y una plataforma para la cooperación con Taiwán y Arizona. Puebla incorpora capacidades académicas y de formación que pueden ampliar la base de especialistas.
Pero tener tres sedes no equivale automáticamente a contar con una cadena nacional. El diagnóstico de Secihti separó los ámbitos de diseño, fabricación, ensamble, prueba y empaquetado, además de educación. Esa clasificación ayuda a evitar una confusión frecuente: diseñar circuitos, producir obleas, ensamblar componentes y probar chips requieren equipos, inversiones, certificaciones, software y personal diferentes.
Por ahora, la evidencia pública identifica con mayor claridad la formación y el diseño que la fabricación avanzada. Secihti señala que México debe triplicar la cantidad de especialistas en diseño de circuitos integrados. La Secretaría de Economía, por su parte, está conectando innovadores con fondos, empresas y programas de apoyo; en Guadalajara reportó 800 expositores, 90 fondos de inversión y más de 5 mil visitantes, además de premios por 3.2 millones de pesos. Es una infraestructura de vinculación útil, pero no sustituye una línea piloto ni garantiza que los prototipos lleguen a producción.
La parte pendiente: pasar de la cooperación a obligaciones medibles
La cooperación con ITRI puede ser valiosa si se traduce en entregables verificables. Para saber qué está construyendo realmente México, los gobiernos deberían publicar al menos cinco elementos.
- Alcance técnico: qué tipo de diseños, materiales, empaquetado o pruebas estarán disponibles y en qué fecha.
- Formación: cuántos ingenieros se capacitarán, con qué programas, laboratorios y certificaciones, y cuántos permanecerán vinculados a empresas o centros de investigación.
- Infraestructura: ubicación, etapas, responsables y fuentes de financiamiento del parque científico y de las sedes de Kutsari.
- Energía y servicios: disponibilidad eléctrica, agua, conectividad, manejo de sustancias y condiciones para operar laboratorios o líneas piloto.
- Propiedad intelectual: reglas para patentes, licencias, uso de diseños y participación de universidades, empresas mexicanas y socios extranjeros.
Estos puntos no son trámites secundarios. En semiconductores, la ventaja depende de repetir procesos con precisión, proteger diseños, cumplir estándares internacionales y sostener inversiones durante años. El propio ITRI ha señalado que la competitividad tecnológica requiere especialización e inversión de largo plazo. La experiencia taiwanesa también revela que la transferencia funcionó porque se acompañó de empresas capaces de absorber la tecnología y convertirla en productos.
La dependencia externa tampoco es necesariamente un problema. Ningún país controla por sí solo toda la cadena mundial de semiconductores. La cuestión es qué capacidades conserva México y cuáles quedan fuera. Si la consultoría internacional define la infraestructura, las empresas extranjeras controlan la propiedad intelectual y el país sólo aporta mano de obra, el resultado será distinto a un ecosistema con investigación propia, proveedores nacionales y capacidad de decisión.
La prueba será visible antes de que llegue una gran fábrica
México no necesita demostrar de inmediato que puede fabricar los chips más avanzados del mundo. Una ruta realista puede comenzar con diseño, electrónica de potencia, sensores, semiconductores para automóviles, empaquetado, pruebas, sustratos y servicios de ingeniería. El ITRI ha identificado precisamente áreas como empaquetado avanzado, sustratos, placas de circuito, refrigeración e interconexiones como oportunidades asociadas al crecimiento de los centros de datos.
La comparación con Taiwán ayuda a ordenar las expectativas. El objetivo no debe ser copiar una marca o anunciar un parque con nombre tecnológico, sino construir una relación continua entre universidades, centros públicos, empresas y compradores. En los próximos años, las señales más importantes serán el número de diseños que lleguen a prototipo, las patentes licenciadas, los convenios con empresas, los laboratorios efectivamente abiertos, los egresados contratados y los proveedores mexicanos incorporados a cadenas internacionales.
Kutsari puede convertirse en la pieza que coordine esas capacidades, pero todavía necesita una hoja de ruta pública con presupuesto, metas y responsables. La agenda de Guadalajara amplía el espacio para financiar innovación y conectar capital; el acuerdo de Sonora con ITRI puede aportar conocimiento institucional; y las sedes de Jalisco, Sonora y Puebla pueden distribuir la formación. La siguiente etapa consistirá en demostrar que esos tres movimientos producen activos tecnológicos, empresas y empleos especializados.
El futuro de la apuesta mexicana no se decidirá por la semejanza del discurso con el de Taiwán, sino por la capacidad de transformar colaboración internacional en conocimiento retenido, infraestructura utilizable y propiedad intelectual con participación nacional. Si esos resultados aparecen, México habrá construido una plataforma industrial propia. Si no, la comparación con Hsinchu quedará como una referencia inspiradora, pero insuficiente.
Fuentes consultadas
- Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación: avances del Plan Integral Nacional de Semiconductores Kutsari, 7 de octubre de 2026.
- Secretaría de Economía: InnovaFest Guadalajara, 23 de octubre de 2026.
- El País México: cooperación de Sonora con ITRI y referencia al modelo tecnológico taiwanés, 24 de octubre de 2026.
- Industrial Technology Research Institute: historia de la transferencia tecnológica y la industria de semiconductores de Taiwán.
- Executive Yuan de Taiwán: inversión pública en infraestructura y software para semiconductores hasta 2033.


